Ecos de una gloria pasada

Posted: martes, 11 de marzo de 2014 by Reino de Terror in
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“- ... y aquí es donde se levantaba el almacén de especias. Todos las mercancías venidas de ultramar venían a parar aquí. Aún recuerdo los buques, los carretilleros yendo y viniendo y a mi padre, tu tatarabuelo, pesando el oro en aquellas mesas, usando unas antiguas balanzas. Míralo todo ahora, saqueado y olvidado.

-¿Qué pasó, abuelo?

-La codicia y la envidia ciegan a los hombres, hijo mío. Ansiaban nuestro oro y nuestras rutas comerciales e hicieron todo lo posible hasta que nos lo arrebataron todo. Pero tranquilo, nuestro apellido volverá a ser sinónimo de poder en estas tierras.”

No tardó en llegar de nuevo la desolación a los hombres, pero esta vez, no de manos divinas.

El anunciamiento de los Dioses atemorizó y confundió a los hombres, pues estos no dejaron mensaje u orden alguna, solo la certeza de su mera existencia. Conscientes de que su poder podría volver a destruir el mundo y la Humanidad, empezaron a florecer distintos cultos para honrar a las nuevas divinidades. Estos creyentes renegaron de sus antiguos ritos chamánicos, iniciando grandes campañas con el objetivo de la conversión de los que aún creían en las viejas tradiciones. Temerosos de que estas antiguas creencias fueran la causa de la Ira Divina, no tardaron en abandonar la idea de la conversión e imponer a base de la fuerza sus nuevos dogmas, ejecutando a los paganos, los cuales no tuvieron otra opción que amoldar sus creencias a los nuevos Dioses.

Mientras esto ocurría, la civilización prosperaba y las ciudades y reinos se alzaban sobre los pilares de los diferentes credos que los nuevos Dioses habían inspirado. Una vez que los paganos habían sido diezmados y convertidos, estos reinos volvieron su mirada hacia ellos mismos. Las diferentes interpretaciones de las divinidades eran tan dispares las unas de las otras que entraban en continuos conflictos ideológicos.

Aún así, en estos jóvenes reinos convulsos y enzarzados en frecuentes disputas, se alzaron grandes y poderosas familias, tales como líneas de sangre reales, acaudalados y prósperos comerciantes o estipes de líderes espirituales, , las cuales ostentaban el poder económico, militar o espiritual de los reinos humanos y que, durante mucho tiempo, ejercieron su poder dejando así su huella en el destino de la Humanidad. Para su desgracia, el tiempo desgastó todo ese poderío y junto a los azares del destino, despojaron a estas familias de todo su poder y riquezas, relegándolas al olvido y a casi su total desaparición.

En la actualidad, aún sobreviven algunos de sus herederos, sombras de lo que antaño fue su glorioso apellido, a quienes los que ahora ostentan el poder llaman vulgarmente Dinastías. Éstas sobreviven con la sola idea de volver a manejar los hilos del destino de los hombres, ansiando la manera de devolver el antiguo esplendor a su familia y harán cualquier cosa que sea necesaria para que eso ocurra…

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